EL
PAIS
23 MARZO 2004
« CANTO AL TREN »
Se
descorre el telón y èl ya està allì,
sentado en un taburete de bar, guitarra acústica en bandolera,
como si hubiera estado esperàndote todo el rato. Vestido
de oscuro, con americana. Bigote morsa, cabellera escarola cenicienta
que deja al descubierto una frente clàsica de progre,
ese tipo de progre tan poco del agrado del exigente Aznar (“Good
bye Ansar! Good bye Lenin!”). Gianmaria Testa (Cuneo,Italia,1958)
cantautor de afición convertida en oficio, ferroviario
de oficio convertido en afición. Testa pertenece a esa
curiosa estirpe de cantautores del norte de Italia que ejercen
una profesión paralela que nada tiene que ver con la
escena. Paolo Conte es abogado en Alessandria, creo recordar
que Giorgio Gaber tambièn lo era y Enzo Jannacci ejercìa
–quizà todavìa ejerza, le perdì la
pista- la medicina pùblica en Milàn. Gianmaria
Testa, simenoniano, ve pasar trenes desde la estación
de Cuneo, de la que es empleado. Mientras, compone canciones
de vidas que en los trenes se cruzan y se alejan (“…vers
mon oubli” precisaba Brassens). ”Le donne nelle
stazioni/le donne c’è sempre qualcuno che le aspetta”.
(“Las mujeres en las estaciones/las mujeres siempre hay
alguien esperàndolas”), canta Testa. Media entrada
en L’Espai de la Travessera de Gràcia, el domingo
pasado, pùblico progre de media edad. Paco Ibàñez,
junto a la puerta, vocifera excitado ante un grupo: ”A
la mierda, joder!, aunque puede que me confunda y eso lo dijera
otro cantautor en otra circustancia. Volviendo a Testa, el hombre
se presenta con humildad. No habla castellano, nì catalàn,
se excusa, pero cree que si habla despacio en italiano se le
entenderà. Habla muy despacio y, en efecto se le entiende
todo. Arranca: “Dentro alla tasca di un qualunque mattino/dentro
alla tasca ti porterei/nel fazzoletto di cotone e profumo/nel
fazzoletto ti nasconderei”(“En el bolsillo de una
mañara cualquiera / en el bolsillo yo te llevarìa/
en el pañuelo de algodón y perfume / en el pañuelo
yo te esconderìa”). Testa canta a los aviones,
a los globos aerostàticos, al coche, a los amantes que
se besan en los puentes de Roma y a la ciudad largha. “E
così lunga la città/ che in questa nebbia che
viene giù/ ti sembra che svaniscano le case/ soltanto
noi restiamo ancora qiu/ seduti ancora un po’/ ad aspettare”.
(“Es tan largha la ciudad/que en esta niebla que baja
/te parece como si las casas se desvanecieran/solo nosotros
estamos aùn aquì/sentados un rato/esperando”).
Testa es un tipo sincero que va contàndote sus cosas
sin prisas. Habla con propriedad, pesando las palabras, sin
forzarlas munca, màs bien acariciàndolas. Aludes
con ironìa de perdedor a lo mucho que le gustarìa
que en Italia ocurriera lo mismo que aquì (“Good
bye Berlusca!!”) y sigue contando sus historias de trenes,
como la de aquella pierna ortopèdica encontrada en los
objetos perdidos y pasó a recogerla un cojo, el cual,
al probàrsela, se excusó ante el eficaz funcionario:
“Lo lamento, pero no es la mìa”. Pobres trenes
: necesitan con urgencia que alguien les cante. Ahì està
Testa, con su voz ronca a lo Paolo Conte, aunque la comparación,
acaso por demasiado obvia, no gusta demasiado a los seguidores
de Testa. Por el contrario, a mì me parece un referente
inmejiorable : como Conte, Testa màs que cantar, explica
situaciones, escribe autènticas crònicas en mùsica.
Fred Buscaglione tambièn lo hacìa, metiendo de
por medio la novela negra (Che bambola!) : esa referencia, al
parecer, sì complace a los testistas. Crónicas
sencillas, metidas dentro de valses, tangos, blues, habaneras
y baladas. La melancolìa solitaria del clarinete o el
saxo (excelente Piero Ponzo) concede al discurso una densidad
pocas veces escuchada. Si hubiera que poner un simil autoctono,
serìa como si un cuento de Millàs habitara en
una cancìon de Paco Ibañez. A quien por cierto
Testa, que es amigo suyo, homenajea en la tanda de bises con
una cancion popular española que èl le enseñó.
Luego Testa le dedica “Come le onde del mare”, que
a mì, serà por el ritmo acelerado, porque Paco
està implicado o por lo que sea, me recuerda el”A
galopar, a galopar hasta enterrarnos en el mar!”. Los
caballos en las pelìculas a menudo persiguen trenes.
Se despide Testa con una versión sensacional de BELLA
CIAO, el himmo clàsico de la izquierda italiana, convertido
en lo que verdaderamente es: una despedita triste de una partisana
que pide ser enterrada en la montaña, a la sombra de
una bonita flor. A la salida, Paco, que a estas horas galopa
ya a rienda suelta, sentencia: “El 20-N murió Franco,
pero hemos tenido que esperar al 14-M para enterrar al franquismo”.
Toma ya. A galopar, sì, mientras nos quede resuello.
O a subirse a un tren para emprender el viaje a toda màquina.
Definitivamente, hay que devolver a los trenes la condición
humana que nunca debieron perder. Nadie como Testa puede ayudarnos
en ese cometido.
Augustí
Fancelli
<<
indietro